ESTE ES TU CEREBRO CUANDO USAS ESTEROIDES - USA

ESTE ES TU CEREBRO CUANDO USAS ESTEROIDES

ESTE ES TU CEREBRO CUANDO USAS ESTEROIDES

 

ESTEROIDES Y EL CEREBRO ESTE ES TU CEREBRO CUANDO USAS ESTEROIDES photo

 

By Michael J.Rudolph, Ph.D. Senior Science Editor

 

Los esteroides anabólicos son la droga para mejorar el rendimiento más consumida. Los fisicoculturistas de elite usan esteroides para desarrollar la masa y la fuerza desde ya algún tiempo. De hecho, el uso de estas sustancias ha venido aumentando con el pasar del tiempo, como lo muestra un estudio que concluyó que 77% de los sujetos respondieron que las han consumido. Si bien el uso de esteroides anabólicos es muy alto entre los fisicoculturistas top,

la verdad es que la vasta mayoría de usuarios no son atletas de este deporte, sino individuos que simplemente quieren verse más delgados o más musculosos. El uso de esteroides anabólicos en Estados Unidos se ha vuelto un problema de salud pública, con un número de usuarios regulares que llega a los 3 millones.

 

EFECTOS DAÑINOS PARA TU CEREBRO

Los esteroides anabólicos tienen la capacidad de influir en cada órgano del cuerpo humano, incluyendo el cerebro y producir comportamientos negativos y efectos cognitivos. De hecho, diversos estudios han mostrado que el uso de esteroides causa un aumento en la agresión, déficit cognitivo, pérdida de memoria y problemas de atención y enfoque.

El mecanismo exacto por el cual los esteroides anabólicos afectan la función cerebral no se han elucidado, pero los hallazgos antes mencionados sugieren que una región del cerebro, el cuerpo amigdalino, es particularmente susceptible al uso de esteroides anabólicos. Este cuerpo consiste en dos núcleos en forma de almendras localizadas en la región temporal del cerebro. Estudios de resonancia magnética han encontrado que la testosterona aumenta la actividad en el cuerpo amigdalino a ciertas señales que normalmente provocan una respuesta de miedo. Además, el aumento en el tamaño del cuerpo amigdalino se ha asociado con comportamiento agresivo en humanos. Estos hallazgos sugieren que el uso de esteroides anabólicos puede aumentar la actividad en esta región del cerebro, llevando a casos de agresión. Otra región del cerebro conocida como corteza del cíngulo anterior funciona como la región de control cognitivo, regulando la capacidad de enfocarse y controlando las emociones. Como estas funciones cerebrales son anormales en usuarios de esteroides anabólicos, la función de la corteza del cíngulo anterior está influenciada por el uso de estas sustancias.

Para probar la influencia exacta de los esteroides anabólicos en estas dos regiones del cerebro, un estudio de Kaufman et al. empleó imágenes de resonancias magnéticas para pedir el impacto de los esteroides anabólicos en el tamaño y función del cuerpo amigdalino, así como espectroscopias para evaluar el impacto de los esteroides anabólicos en la neuroquímica en la corteza del cíngulo anterior.

Los resultados de este riguroso estudio de Kaufman et al. mostraron que el uso de esteroides anabólicos a largo plazo se correlacionan con un aumento en el tamaño del lado derecho del cuerpo amigdalino y una reducción de la capacidad de comunicarse con el lado izquierdo, contribuyendo con alteraciones emocionales y problemas cognitivos.

En resumen, la influencia positiva de los esteroides anabólicos en el crecimiento y fuerza muscular está fuertemente superado por sus efectos dañinos en la salud general. Los efectos adversos del uso de estas sustancias impactan directamente la función cerebral. Evidencias científicas demuestran que el uso extensivo de estas drogas altera áreas específicas del cerebro aumentando la propensión de comportamientos agresivos y bajo rendimiento intelectual.

 

Durante la mayor parte de su carrera Michael Rudolph ha estado en el mundo del ejercicio como atleta (jugó fútbol americano en la Universidad Hofstra), entrenador personal y científico investigador (posee una licenciatura en Ciencias Deportivas de la Universidad de Hofstra y un PhD en Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Stony Brook). Después de obtener su PhD, Michael investigó la biología molecular del ejercicio en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y de Columbia durante 8 años. Esta investigación contribuyó a entender la función e importancia del sensor de energía celular AMPK – llevando a numerosas publicaciones en prestigiosas revistas incluyendo la revista Nature. Michael actualmente trabaja en el Centro de Biología Estructural de Nueva York, en el Departamento de Defensa desarrollando un proyecto de seguridad nacional.

 

 

 

 

 

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