MI CONTACTO CON LOS FIERROS - USA

MI CONTACTO CON LOS FIERROS

  • Por: MD Latino
  • julio 7, 2011
  • 448 comentarios
MI CONTACTO CON LOS FIERROS

 

DESDE CHILE

POR Christian “El Toro” Lobarede

Este texto es sobre los gimnasios que visité y no de mis triunfos o derrotas.

Comencé con ilusiones. Recuerdo a un padre fortachón, con unas grip que le regaló mi madre para hacer miles de repeticiones y desarrollar antebrazos de Popeye que nunca más perdí.

Ése fue mi primer acercamiento a los fierros. Me asomaba por las ventanas de cada gimnasio que se cruzara en mi camino. Nunca olvido el Nautilus, de Leo Durán; donde las máquinas parecían verdaderos acertijos; creí que sólo existían pesas, barras y discos.

Las mejores máquinas que había por aquel entonces en Chile, y quizás en Sudamérica, antes del advenimiento de las cadenas que tanto han hecho por los bolsillos de sus patriarcas , pero que han sido nefastas para el culturismo y gimnasios “fierreros”, ésos en donde el que asiste tiene un nombre y no un número, ésos que se extinguen cada día; ésos donde crecí y me desarrollé, en donde la ducha está rota pero el instintos intacto, donde sudas sangre y no importa quedar sin polea para mostrar tus avances y se inunda tu corazón de ganas de vencer lo imposible, tus metas y tus barreras al mismo tiempo; donde la testosterona no se inyecta, se respira en cada esquina, en cada tapiz de la banca de pecho favorita de todos.

Hoy quedan pocos lugares en donde comencé, como en mi primer gym, Taurus, junto a Fernando Ortega, abrimos las  ilusiones que nos permitieron ganar nuestro primer torneo, con bancas de madera y discos de cemento.

Ya era el 89. Llevaba 5 años entrenando, horas y horas en el gym tomando el batido de rocky con huevos crudos y colgándonos del techo para hacer los mismos abdominales.  Con los ninjas que entrenaban a diario de negro y en silencio o el Juan Carlos y el Edo. Quienes querían desarrollar dorsales como si con ellos pudieran planear por los aires. En realidad eran dorsales, pero parecía que sí volaríamos… Hoy  entiendo su confusión…

Luego vino un clásico: mi gym Animal. Ése donde llegaron monstruos de la época como la visita que hizo un día el enorme José Luis Castillos, en donde entrenó Fernández y De La Puente, pero en donde apreció un César Velarde; brazo derecho de mi gestión. Un gran maestro como Mario Ríos, el Wofi, el famoso alemán de Maipu.

La ilusión nos daba fuerza como para hacer sentadillas al estilo alemán, al estilo Tom Plazt o del maestro de maestros: Raúl Aguilera, quien truncó su vida sólo hace un par de años, como el Samurai que siempre fue…

La junta de vecinos nos cerró esa  cantera de promesas que era el gimnasio Animal. De ahí salieron Villatoro, que hoy triunfa en España, el mismo Fer Ortega, el Maja, Andrés Moretti y yo mismo, junto a tantos otros. De Maipú, al Centro, mi último gym propio en calle Brasil.

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