TESTOSTERONA( PARTE 1 ): UN ANÁLISIS CIENTÍFICO SOBRE LA PÉRDIDA DE GRASA Y LAS GANANCIAS MUSCULARES - USA

TESTOSTERONA( PARTE 1 ): UN ANÁLISIS CIENTÍFICO SOBRE LA PÉRDIDA DE GRASA Y LAS GANANCIAS MUSCULARES

  • Por: mdlatino
  • octubre 20, 2016
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TESTOSTERONA( PARTE 1): UN ANÁLISIS CIENTÍFICO SOBRE LA PÉRDIDA DE GRASA Y LAS GANANCIAS MUSCULARES

 

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Por Daniel Gwartney, M.D.

El público desea que se le presente información real y verídica sobre el cuidado de la salud. Los científicos y profesionales de la salud buscan lo mismo, pero también quieren ser los “expertos” de un pequeña parte de la verdad y es de esa manera cómo solicitan fondos para realizar estudios adicionales. Si se puede hacer fama o fortuna, algunos “expertos” modifican sus opiniones en pro o en contra de un tema simplemente aumentado el miedo a lo desconocido, excepto con las estatinas, sustancias sospechosamente favorecidas por las publicaciones médicas y las agencias reguladoras.1

De hecho, un artículo reciente sugiere que aquellos que expresan opiniones o hallazgos negativos sobre las estatinas son los causantes de que algunas personas tengan infartos por haber dejado de tomar el medicamento. ¡Qué forma tan inapropiada de buscar culpables! Aparentemente, educar y concienciar no es lo deseable cuando se trata de este tipo de drogas. El peor de los casos es cuando se manipulan los datos para presentar posiciones insostenibles, donde los “expertos” afirman algo que podría fácilmente demostrarse como siendo equivocado; todo sería distinto si alguien tuviera el valor de escrudiñar los datos y métodos estadísticos, y sobretodo, si los medios presentaran los argumentos de forma objetiva. Esto no difiere mucho de la política; de hecho, es la política lo que dirige la mayor parte de las acciones de aprobación o rechazo de la Agencia de Alimentos y Drogas de EEUU (FDA por sus siglas en inglés) y de los fondos que proveen los Institutos Nacionales de la Salud.

 

MUCHO JUGO PARA HACER ESTAMPIDA DE MANADA DE ELEFANTES

Por más de 70 años, la testosterona y otros esteroides androgénicos anabólicos (AAS) han sido estudiados, probados y utilizados clínicamente, incluso se ha abusado de ellos de una forma en la que se podría provocar la estampida de manada de elefantes. Toda una vida, para aquellas personas que nacieron en 1939 cuando el Premio Nobel de Química les fue otorgado a dos científicos, Adolf Butenandt y Leopold Ruzicka, quienes aislaron la testosterona. El libro “La Hormona Masculina” escrito por Paul de Kruif (1945) es una publicación interesante que describe el largo y tortuoso proceso del descubrimiento de la testosterona y sus aplicaciones clínicas.2

La testosterona apareció en la conciencia del público de Estados Unidos cuando el nicho cultural del fisicoculturismo rozó la superficie; principalmente por medio del carisma y atractivo del icónico Arnold Schwarzenegger. Sin embargo, la testosterona y los AAS eran un tópico solo “de esa gente” y no tenían absolutamente ninguna presencia en el ambiente clínico. Esto cambió dramáticamente cuando el alabado atleta Carl Lewis casi perdió la medalla de oro en los juegos olímpicos de Seúl 1988 frente al increíblemente muscular y bien esculpido Ben Johnson de Canadá. Horas después de la prueba se conoció que Johnson había dado positivo en la prueba de doping, por el uso de una sustancia prohibida, el AAS estanozol, siendo desclasificado.

Obviamente, el dopaje deportivo es tan común que siempre será relacionado con la Liga Mayor de Béisbol, especialmente desde que los jugadores continúan utilizando no solo AAS, sino que buscan drogas indetectables a pesar de todos los costosos programas antidopaje.3

Buscar una ventaja frente a tu rival es algo inherente al deporte. Los individuos así como el gobierno nacional han buscado mejoradores del rendimiento de grado farmacéutico en la búsqueda de optimizar resultados o para obtener ganancias financieras y nacionalistas.

El advenimiento de las pruebas contra drogas se asocia con la publicación de una lista de sustancias prohibidas en 1967 por el Comité Olímpico Internacional. Se estima que cada año se gastan cientos de millones de dólares en programas anti- doping con una trayectoria bastante deprimente.4 Los reportes detrás del encubrimiento que durante años tuvo el ciclista Lance Armstrong son relevan- tes y demuestran la capacidad que tienen algunos grupos de personas para evitar la detección, al menos hasta el final de la carrera de un atleta. ¿Tal vez el valor sea retribuido por los ingresos adicionales obtenidos con la cobertura de los medios?

 

CONSPIRACIÓN Y DESINFORMACIÓN

Francamente, es sorprendente que el dopaje deportivo haya sido un tema antes de mediados de los 90, pues las compañías farmacéuticas y la comunidad médica conspiraron (sí, ¡fue una conspiración!) comunicando falsamente que los AAS no mejoraban el rendimiento atlético. ¿Será que los médicos y la FDA no veían deportes en ese entonces? Diversos investigadores del campo de la testosterona y la salud masculina sugerían que las evidencias utilizadas en los estudios eran “subjetivas”, no “objetivas” y que los AAS simple- mente no funcionaban. En el capítulo titulado “Los efectos androgénicos en el músculo esquelético” del libro “Testosterona: acción, deficiencia, sustitución”, su autor Shalender Bhason declara: “a pesar de la empírica y amplia evidencia de la actividad anabólica de los andrógenos que emerge de la experiencia de atletas y fisicoculturistas, la comunidad médica continua manteniendo una negación puritana”.6

 

¿LA HISTORIA SE REPETIRÁ?

Hoy en día los fabricantes de testosterona se empeñan en mostrar su eficacia y seguridad a una comunidad a la que se llevó a creer de forma engañosa que los AAS no tenían ningún efecto. Claro está, es posible que la historia se repita, pues no está determinado clínicamente el rango terapéutico de testosterona exógena, un bajo entendimiento del rol de los metabolitos y el efecto de las variaciones entre cada individuo, comorbilidades, horarios, criterios de exclusión, y una variedad de otros factores. Con trepidación y escepticismo se anticipa un resultado nulo (sin aumento en los beneficios o riesgos no apropiados) en las pruebas clínicas, o se manipula estadísticamente la confirmación de los riesgos cardiovasculares u otros efectos adversos.

La FDA exigió colocar una advertencia en la etiqueta de la testosterona en parte debido al excesivo marketing directo al consumidor (no paciente, ¿notan la diferencia de lenguaje?) pero no aclaran que no existe evidencia aceptable de que haya aumento en el riesgo cardiovascular en una población apropiada de pacientes.5

Además, las pruebas clínicas no se diseñan para determinar si hay beneficios con la terapia de testosterona. Por el contrario, se buscan espe- cíficamente los efectos adversos.7 ¿Qué significa esto? Así como la detección del cáncer de próstata saltó cuando a los pacientes se les comenzó a hacer exámenes rectales y pruebas PSA también lo harán los reportes de experiencias de eventos cardiovasculares, cáncer o muerte en hombres que han recibido testosterona.

Tomemos el lado opuesto, ¿y si hay pruebas que demuestran que la testosterona (y otros AAS) son efectivos en aplicaciones clínicas? Primero, debemos definir los objetivos adecuados de una hormona metabólica en afectar la salud en de forma positiva. En particular, definir estos beneficios relativos al estado común de la población apropiada, hombres de edad media o mayores, con un estado de salud que refleje las normas de Estados Unidos. Muchos de estos son directamente relevantes para el fisicoculturismo y mundo Fitness.

………………………………………….

“A pesar de la empírica y amplia evidencia de la actividad anabólica de los andrógenos que emerge de la experiencia de atletas y fisicoculturistas, la comunidad médica continua manteniendo una negación puritana.”

Shalender Bhasin y coautor en Testosterona: Acción, Deficiencia, Sustitución

 

Próximamente (parte 2) de este artículo, permaneced atentos..

 

Referencias:
1. European Society of Cardiology. “Negative news stories about statins are linked to people discontinuing treatment: Also linked to an increase in heart attacks, early death.” Science Daily. December 2, 2015. www.sciencedaily.com/relea- ses/2015/12/151202000845.htm. Accessed December 6, 2015.

2. Morales A. The long and tortuous history of the dis- covery of testosterone and its clinical application. J Sex Med 2013;10:1178-83.

3. Thompson T, Red C, et al. MLB trying to figure link to why stanozolol is resurfacing in positive drug tests. NY Daily News. April 15, 2015. www.nydailynews.com/sports/baseball/ mlb-figure-stanozolol-comeback-article-1.2185429, accessed December 5, 2015.

4. Hermann A, Henneberg M. Exposing dopers in sport: is it really worth the cost? The Conversation. August 14, 2013. http:// theconversation.com/exposing-dopers-in-sport-is-it-really- worth-the-cost-16464, accessed December 15, 2015.

5. Fiore K. FDA to ‘Low-T’ drug makers: Prove It. Medpage Today. August 20, 2015. http://www.medpagetoday.com/Endo- crinology/GeneralEndocrinology/53169, accessed December 6, 2015.

6. Bhasin S, Jasuja R, et al. Androgen effects on the skeletal muscle. Testosterone action, deficiency, substitution. ed. Nies- chlag E, Behre HM. Cambridge University Press, 4th ed;p191. ISBN-13: 978-1107012905.

7. Nguyen CP, Hirsch MS, et al. Testosterone and “Age- Related Hypogonadism” – FDA Concerns. N Engl J Med 2015;373:689-91.

 

 

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