UN ESTUDIO SOBRE EL REEMPLAZO DE TESTOSTERONA

UN ESTUDIO SOBRE EL REEMPLAZO DE TESTOSTERONA

UN ESTUDIO SOBRE EL REEMPLAZO DE TESTOSTERONA

 

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POR Daniel Gwartney

 

La testosterona y los esteroides anabólicos-androgénicos (AAS) fueron dispensados originalmente a ciudadanos alemanes en tiempo de guerra para hacer frente a sus quejas sobre la vida en pobreza o lo mal que envejecían. Desafortunadamente, el estigma de la Alemania Nazi y el miedo de que los ancianos se volvieran viriles y libidinosos causó que la comunidad médica bloqueara muchos estudios o impidió que se desarrollaran este tipo de sustancias.

 

Durante los 50’s y 60’s, algunos atletas comenzaron a mostrar una mejora excepcional en sus físicos y desempeño con el uso de AAS; a partir de allí el genio salió de la botella. De forma similar a las amonestaciones de la comunidad médica después de la Segunda Guerra Mundial, las sociedades profesionales hicieron intentos éticamente cuestionables para desalentar el uso de esteroides por parte de atletas y físicoculturistas, mostrando conclusiones de estudios de corto plazo con dosis subfisiológicas de AAS (esteroides) con el fin de demostrar que no había incrementos en la fuerza.

 

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Las compañías farmacéuticas colaboraron en esto colocando en las etiquetas de los productos una nota que decía “Los esteroides anabólicos no mejoran el desempeño atlético”. Una década después emergió la medicina antienvejecimiento: la exuberancia de hombres maduros rejuveneciéndose con el uso de testosterona, hormona de crecimiento y otras terapias, causó un miedo familiar dentro de grupos médicos más conservadores; las amonestaciones antes vistas contra atletas ahora se hacían contra hombres mayores que buscaban reactivar su potencia sexual. Hoy día hay una aceptación en el reconocimiento de la testosterona como tratamiento viable para muchas enfermedades crónicas comunes.

 

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Irónicamente, el grupo “no hace daño” ha hecho que muchos hombres entiendan tardíamente el papel que la testosterona tiene en la salud y enfermedades. Esto parece ser recurrente con las directrices de ciertos estudios publicados en el ámbito del tratamiento de reemplazo de testosterona (TRT) en hombres con testosterona subfisiológica, particularmente hombres geriátricos y pregeriátricos.

 

Desafortunadamente la prensa no le da cobertura a casos de pruebas con testosterona, en algunos casos sólo publica los estudios donde hay efectos negativos. Un claro ejemplo que recibió mucha cobertura fue el de un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA).

 

El estudio de JAMA investigó la terapia de reemplazo de testosterona (TRT) en hombres mayores con baja testosterona total que pasaron por una angiografía coronaria en centros VA, comparándolos con un grupo de control (que no recibió reemplazo de testosterona  -TRT-). Los criterios de evaluación incluyeron muerte, infarto y accidentes cerebrovasculares.

 

Los hallazgos de los autores, quienes recibieron una increíble cobertura de los medios, fue que la TRT se asoció con un aumento en el riesgo de muerte, de sufrir un infarto o un derrame cerebral. Esto sería aceptable si el diseño del estudio no hubiera sido tan complejo. Hay un dicho entre la comunidad de estadistas: “Si torturas suficientemente los datos, conseguirás que confiesen cualquier cosa”. A este grupo lo torturaron usando manoplas.

 

El consenso general alcanzado por grupos profesionales es que la TRT tiene efectos beneficiosos para la salud y la sobrevivencia.

 

En este artículo de JAMA se define como baja testosterona a la testosterona total por debajo de 300 ng/ml, el umbral establecido en la directrices publicadas por la Sociedad de Endocrinología, pero en el estudio se excluyeron muchos sujetos, las pruebas y grupos de control tenían un gran número de diferencias lo cual dificulta alcanzar una comparación precisa. Fueron excluidos más de 4000 hombres en TRT por falta de datos previos de laboratorio, comparado con 1223 hombres que sí se incluyeron en las estadísticas. ¿Habrán excluidos pacientes cuya TRT ha sido “exitosa”?

 

Como el grupo de control tenía un número sustancialmente mayor de hombres con una variedad comorbilidades, se beneficiaron de un manejo más suave por los cálculos estadísticos, se “esperaba” que tuvieran efectos adversos. Los hombres no tratados también se beneficiaron con un periodo de tiempo de observación más largo; los efectos adversos en el grupo de los hombres con reemplazo de testosterona se amplificaron y extrapolaron en el tiempo, basados en la aparición de eventos tempranos.

 

Los seguidores de las directrices de la Sociedad de Endocrinología sacrifican a sabiendas dosis eficaces para evitar el potencial de efectos adversos desconocidos. Es interesante que las recomendaciones de estas directrices de alcanzar un nivel de testosterona total en el rango de los 400-500 ng/dL no se alcanzara con la mayoría de los participantes en TRT del estudio.

 

Este rango es muy conservador y no llega al umbral para corregir fallas metabólicas, tales como la resistencia a la insulina. En contraposición, a los hombres más jóvenes se les recomienda un rango entre 400 y 700 ng/dL. Algunos resultados no se reportaron correctamente en términos de importancia estadística.

 

Los resultados de este estudio muestran que hombres mayores con deficiencias en la testosterona por un periodo indeterminado de tiempo y que sufren de otras condiciones de la salud pueden no tolerar la TRT. Esto es similar a los hallazgos de la Iniciativa de la Salud de la Mujer, con el nombre “hipótesis del tiempo”. Este estudio sirve como una nube sobre el entendimiento de la TRT y probablemente hará que los médicos y el público en general tenga dudas sobre su uso.

 

Hay mucho más que decir sobre este estudio, pero el tiempo y el espacio no me lo permiten.

 

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Los hombres que han sufrido múltiples enfermedades como diabetes, enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, disfunción eréctil, etcétera, no sólo pueden tolerar la terapia de reemplazo hormonal, sino que se demuestra el doble de la tasa de sobrevivencia comparado con pacientes no tratados.

 

El objetivo de la terapia de reemplazo hormonal es restaurar la salud para que responda a como lo hacía cuando se era más joven. Si han experimentado cambios en su vida sexual (disminución en las erecciones de las mañanas, disminución de la libido, etc.) obesidad visceral (grasa en el abdomen), pérdida de masa magra y fuerza (al mantener niveles de actividad normal) u otras señales, deben ser evaluados.

 

Cada hombre responde de forma diferente a la testosterona, endógena (natural) y exógena (farmacéutica). La evidencia “convincente pero no conclusiva” que apoya la necesidad de reemplazo de testosterona en hombres con niveles bajos e incluso normales bajos de testosterona continúa creciendo.

 

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El objetivo de la terapia de reemplazo hormonal es restaurar la salud para que responda a como lo hacía cuando se era más joven.
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la necesidad de reemplazo de testosterona en hombres con niveles bajos e incluso normales bajos de testosterona continúa creciendo

 

REFERENCIAS:

-Vigen R, O´Donnell CI, et al. Association with mortality, myocardial infarction and stroke in men with low testosterone levels. JAMA 2013:310:1829-36.

– Cappola AR. Testosterone therapy and risk of cardiovascular disease in men. JAMA 2013;310:1805-6.

– Oskui PM, French WJ, et al. Testosterone and the cardiovascular system: a comprehensive review of the clinical literature. J Am Heart Assoc. 2013 Nov 15:2(6):e000272.

– Spitzer M, Bhasin S, et al. Sildenafil increases serum testosterone levels by a direct action on testes. Andrology 2013;1:913-8.

– Bhasin S, Woodhouse L, et al. Androgen effects on body composition. Growth Horm IGF Res 2003;13 Suppl A:S63-71.

– Ryan AJ. Anabolic steroids are fool’s gold. Fed Proc 1981;40:2682-8.

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