SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS (1) - USA

SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS (1)

  • Por: MD Latino
  • julio 26, 2011
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SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS (1)

 

POR Dorian Yates

 

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¿Quién quiere brazos grandes? ¡Todo el mundo!

 

Sé que la única razón por la que muchos se interesan por el culturismo se relaciona con su deseo de aumentar la masa muscular en algunas partes del cuerpo, en especial para lucir los brazos o el pecho.

 

No encontrarán una revista en la que no haya al menos un artículo sobre algún entrenamiento para brazos, dado que el hombre promedio está obsesionado con la idea de desarrollar sus bíceps y tríceps.

 

Por mi parte, puedo decir con absoluta honestidad que desde que comencé a dedicarme a este deporte, nunca me importó aumentar el tamaño de mis brazos ni de ningún otro grupo muscular en particular. Siempre supe que mi meta era ser un campeón y eso implicaba el paquete completo: pecho, espalda, hombros, brazos y piernas.

 

Pero aun así, sin brazos impresionantes, yo sabía que nunca podría convertirme en un físicoculturista profesional y ganar un Mr. Olympia.

 

Mis brazos no siempre fueron unos cañones

 

Si bien no puedo decir que mis brazos eran la parte más débil de mi cuerpo, mis tríceps estaban definitivamente mejor que mis bíceps cuando apenas iniciaba. Mis brazos no estaban dotados genéticamente como sí lo estaban mis pantorrillas.

 

Cuando comencé con el entrenamiento, a los 21 años, mis brazos medían 15 pulgadas, mientras que mis pantorrillas rondaban las 16-17 pulgadas antes de siquiera haber empezado a hacer elevaciones de talones.

 

No pasó mucho tiempo hasta que me di cuenta de que mis bíceps no se desarrollaban al mismo ritmo que mis tríceps. Necesitaba averiguar la razón…

 

Resolviendo el rompecabezas

 

Nunca tuve dificultad con los ejercicios de empuje para pecho y hombros, lo que sin dudas contribuyó al desarrollo de mis tríceps. Sin embargo eso no podía terminar ahí porque la verdad es que tampoco me resultaban complicados los ejercicios de espalda.

 

Llegué a la conclusión de que el verdadero problema era la fuerza que ejercían mis deltoides frontales y antebrazos. Mis deltoides eran poderosos, mis antebrazos medían 18 pulgadas sin nunca antes haberlos trabajado directamente. Los curls con barra y con mancuernas no estaban dando resultado porque en realidad todo el trabajo lo estaban haciendo mis deltoides frontales y antebrazos.

 

Luego de varios experimentos descubrí la solución: preagotar los bíceps primero mediante curls verticales a una mano en banco Scott o en la máquina Nautilus que compré para el Temple Gym a fines de los 80.

 

Eso me permitió realizar curls estándar sin que mis hombros y antebrazos concentraran la fuerza. Sabía que debía mantener las muñecas derechas y no torcerlas hacia los codos, puesto que de esta forma los antebrazos realizarían todo el esfuerzo. También noté que los curls con mancuernas en banco inclinado son ideales para dejar de hacer ejercicios con los hombros.

 

Finalmente mis brazos alcanzaron las 22 pulgadas durante la pretemporada y medían 21 pulgadas en condiciones para la competencia.

 

Conclusión: si hubiera continuado entrenando tercamente como todos los demás, nunca habrían logrado ese tamaño.

 

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